¿Cómo podemos verificar si la religión de la autoestima es falsa?


Para entender mejor esta segunda parte de "La religión de la autoestima es falsa" te recomiendo que leas primero la anterior:
- 1- La religión de la autoestima es falsa.

A partir de ahora vamos a utilizar la primera epístola de Pablo a Timoteo para contrastar entre la religión de la autoestima y el cristianismo.

Pablo comienza con la salutación que era habitual en toda carta de la época (1 Timoteo 1.1,2): "yo, tal persona, te escribo a ti, tal persona, y te mando saludos".
En este caso específico Pablo deja bien clara la autoridad que lo avala para escribir la exhortación que sigue:
"Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo" (1:1).

Esta no era una carta con buenos consejos optativos.
Esta traía la autoridad de Dios. El NO era apóstol porque se había ungido a sí mismo en un espejo.
El, a los Gálatas, les escribe: "Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombres, sino por Jesucristo y por Dios el Padre)"(Gálatas 1:1).
Y en la carta a Timoteo, en el capítulo 2 vuelve a dejar clara su autoridad: "fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento)" (1 Timoteo 2:7).

Esto nos confronta de manera ineludible:
¿Nuestra fe y conducta está basada en la enseñanza de los apóstoles que "Jesucristo y Dios el Padre" (Gálatas 1:1) ordenaron?, ¿o por predicadores modernos que contradicen a aquellos apóstoles?

Transmitiendo la fe
Estos apóstoles de Jesucristo fueron llamados por Dios mismo para entregar la FE.
Por esto Judas habla de que nuestra fe es "la fe que ha sido una vez dada a los santos" (Judas 3).
Los apóstoles la "dieron", la transmitieron por palabra y por carta.
Pablo escribe en 2 Tesalonicenses 2:15:
"Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra".

Allí donde la versión Reina-Valera 1960 traduce "doctrina", la palabra griega es "parádosis", la cual se puede traducir como "tradición" (así lo hace la versión Interlineal).
El uso bíblico del término "tradición" no tiene nada que ver con lo viejo o con que una práctica o creencias sean consagrados por el tiempo. Una tradición, en el sentido estricto de la palabra, se convierte en tradición en el momento en que es entregado.

Tradición
Como claramente explicó Rick Wade: "Los apóstoles enseñaron a personas que enseñaron a otras personas, y esta tradición tenía autoridad para la iglesia. Mientras la tradición se transmitía oralmente, también fue puesta por escrito por los apóstoles y enviada a toda la iglesia. Al recibir las diversas iglesias locales estos escritos los sopesaron contra lo que se les había enseñado oralmente. Hubo muchos escritos circulando en ese tiempo, algunos de los cuales llevaban falsamente los nombres de los apóstoles. La principal prueba de autenticidad de estos escritos era si reflejaban con precisión la tradición apostólica según era enseñada en las iglesias.
En los primeros siglos después de Cristo, se consideraba que la tradición oral y la escrita eran lo mismo. El 'canon' era reconocido en ambas formas" ("Introduction: Evangelicals and Tradition").

El testimonio de Papías
Así es como Papías, cristiano que vivió entre los años 70 al 155 y oyó al mismo apóstol Juan, escribió que él había aprendido de “los más antiguos”, y retenido en la memoria, recibiéndolas de “los que recordaban los mandatos del Señor”, las verdades de la fe. "Se dedicó", afirmaba, "a inquirir qué decían y predicaban los apóstoles y demás discípulos de Jesús" (citado por Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39).

Para los primeros cristianos fieles, la "tradición" entregada por los apóstoles era la autoridad. Cualquier cosa que contradijera a la misma, era desechada.

El testimonio de Ireneo
Un ejemplo es Ireneo de Lyon, quien fuera discípulo de Policarpo (el cual a su vez fue discípulo de Juan).
Ya en su época existían quienes intentaban introducir falsas enseñanzas colocándose por encima de los mismos apóstoles.
El escribió en su carta “Contra las herejes”: "Si apelamos a la tradición que viene de los apóstoles y que se conserva en las Iglesias por la sucesión de los pastores, entonces ellos se oponen a esta tradición, afirmando que ellos saben más, no sólo que los pastores, sino aun que los mismos apóstoles.
En realidad, lo que sucede es que no están de acuerdo ni con la Escritura ni con la tradición" (Libro 3, sección 2,1).
Y luego agregó: "Cuando los herejes se ven convencidos por las Escrituras, se ponen a atacar las mismas Escrituras, afirmando que están corrompidas, o que no son auténticas o que no concuerdan, pretendiendo que no se puede sacar de ellas la verdad" (Libro 3, sección 2,2).

La enseñanza recibida
Para la Iglesia primitiva fiel al Señor, la tradición entregada por los apóstoles, ya fuera oralmente o por carta, era la autoridad de Dios.
Pablo escribe en 2 Tesalonicenses 3:6:
"Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros"

La palabra traducida por la Reina-Valera 1960 como "enseñanza", es la misma que ya estudiamos: "parádosis" en griego (aquí puedes encontrar más usos de esta palabra: Mateo 15:2; Mateo 15:6; Marcos 7:3; Marcos 7:5; Marcos 7:13; 1 Corintios 11:2; Gálatas 1:14; Colosenses 2:8).
Y nos vuelve a hablar de algo entregado por alguien.

Simplemente obedientes
Los apóstoles simplemente cumplían el mandato de Jesús cuando les dijo que su tarea era hacer discípulos (Mateo 28:18-20). Y esta consistía principalmente en dos puntos:
- "bautizándolos"
- "enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado".

La palabra “guarden” viene del griego “teréo” (cuidar que algo no se pierda o dañe, conservar, custodiar, reservar).
¿Que guarden, cuiden, conserven, custodien, qué cosa?
Lo que Jesús les entregó: "todas las cosas que os he mandado".
Y los apóstoles simplemente fueron obedientes a este mandato.
En Hechos 2:42 encontramos a la Iglesia siendo enseñada y perseverando en esa enseñanza:
"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles"

Una FE sólida y segura
Nuestra FE fue entregada por Jesús mismo a los apóstoles, y luego estos la entregaron a aquellos que creyeron fieles y aptos para entregársela a otros.
Así Pablo le escribe a Timoteo:
"Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros"
(2 Timoteo 2:2).

De esta manera nos ha llegado la FE hasta hoy.
Por enseñanza oral y por enseñanza escrita de aquellos a quienes en principio se les confió la FE.
Si algo de lo que oímos no concuerda con lo que encontramos en las Escrituras, podemos decir con toda seguridad que aquel que está hablando está equivocado.
Aunque los hombres no se mantengan fieles en su tradición oral, PODEMOS ESTAR PLENAMENTE SEGUROS QUE AQUEL CUYA "FIDELIDAD ALCANZA HASTA LAS NUBES" (Salmo 36:5), SE HA MANTENIDO FIEL GUARDANDO EL TESTIMONIO ESCRITO TAL CUAL EL LO QUIERE.

Con esta base bien clara de cual es la autoridad para discernir si la religión de la autoestima es falsa o verdadera, seguiremos con la tercera parte de esta serie de artículos basada en 1ª de Timoteo.

Luis Rodas

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